jueves, 6 de julio de 2017

TOUR ATACAMA - SALAR DE UYUNI

El lunes 20 de marzo a las 8 de la mañana pasó a recogerme la furgoneta que nos llevaría hasta la frontera entre Chile y Bolivia, pasando primero por el control fronterizo chileno donde estuvimos haciendo cola algo más de una hora. Durante el camino disfrutamos de unas vistas increíbles del desierto mientras ascendíamos hasta 4480 metros de altura pasando cerca de un par de volcanes nevados espectaculares. El puesto fronterizo Hito Cajón era una casetilla enana en medio de la nada donde nos esperaban los jeeps para empezar nuestro tour después de un buen desayuno.
Paso fronterizo Hito Cajón

Cargamos nuestras mochis en el techo del todoterreno y conocimos a los que iban a ser nuestros compis de viaje durante los 3 días que duraba el tour por el altiplano boliviano; Franka y Mateo, suizos y Laura, alemana. El guía que nos tocó era Eddy, un boliviano muy simpático pero que no tenia ni idea de hablar inglés, por lo que me tocó hacer de traductor durante todo el viaje.

Empezamos en la reserva Eduardo Avaroa, recorriendo una serie de lagos de distintos colores que variaban según la composición de sales y minerales que contenían. Pasamos primero por la laguna blanca y después por la verde, que está a las faldas del volcán Licancabur (5916 ms.), antes de ir a ver las Rocas de Dalí, un extraño paisaje desértico donde parecía que habían "plantado" unas grandes rocas con formas surrealistas. En realidad eran rocas que habían llegado volando desde muy lejos cuando los volcanes de donde salieron escupidas entraron en erupción hace cientos de años.

Laguna Blanca
Rocas de Dalí
Laguna Verde
Antes de ir a comer nos dimos un baño en las aguas termales de Polques donde nos recomendaron estar "entre 15 y 17 minutos" ya que más tarde íbamos a subir a El Sol de Mañana, un área desértica enorme situada a 4900 metros y el calor del agua podía afectar al cuerpo de tal forma que el soroche o mal de altura nos afectara mucho más. Allí subimos para ver los geisers, de donde salían unas columnas de 10 a 50 metros de vapor de azufre y demás gases que hacían bastante difícil la respiración.
Antes de llegar al pueblito donde pasaríamos la noche, visitamos la Laguna Rosa, que debe su nombre a las algas de ese color que son el alimento principal de los miles (hasta 30000) de pelicanos que inundaban la laguna.

Después de muchas horas metidos en el coche recorriendo caminos de tierra y piedras, llegamos a una diminuta aldea situada a unos 4500 msnm, donde después de cenar una sopa caliente y algo de pasta nos fuimos muy temprano a la cama para reponer fuerzas y prepararnos para las horas que nos esperaban al día siguiente dentro del jeep.

La noche no fue muy reparadora, ya que debido a la altura a la estábamos, se hizo bastante complicado dormir por la sensación de falta de oxigeno que me tuvo agobiado y despierto casi toda la noche.

Un par de cafés y unas tortitas con manjar (así llaman al dulce de leche en Chile) muy buenas me dieron la energía para afrontar con muchas ganas lo que nos quedaba por conocer ese día.
Empezamos visitando un valle gigante donde había formaciones rocosas con formas y nombres muy curiosos, como por ejemplo la Copa del Mundo, el Dromedario, Italia (a esta había que echarle mucha imaginación) y también pudimos ver unas pinturas rupestres muy antiguas

El Dromedario
La Copa del Mundo

Después pasamos por un par de lagos; En el primero nos pudimos acercar mucho a los grandes grupos de llamas que estaban comiendo en sus orillas y el segundo fue el que más me gustó. Le llaman la Laguna Negra debido a unas plantas de ese color que cubren todo el fondo. Aquí nos quedamos un buen rato relajándonos y tomando el sol mientras disfrutábamos de las vistas desde lo alto de una roca.


Laguna Negra
Lo ultimo que visitamos antes de comer fue la Garganta de la Anaconda, un cañón enorme al que daba bastante respeto asomarse desde la altura a la que estábamos. En Alota nos dieron un pastel de papa mucho más comestible que las "chuletas" del día anterior y después de descansar un rato salimos dirección Uyuni.
Aunque la carretera fuera de tierra, parecía bastante segura e incluso aburrida por lo recta que era, pero nos comentaron que solía haber bastantes accidentes. De hecho fuimos testigos de uno bastante feo; un camión volcó derramando lo que parecía combustible además de todo lo que transportaba en su parte trasera. Llevaba mucho material de construcción como piedras, cemento, grandes barras de metal y algo imprescindible para una obra (aunque al parecer no fuera mucho más valioso que lo demás): 3 trabajadores. Al parecer, aunque en la cabina hubiera sitio justo para ellos solo estaba ocupada por el conductor y el ingeniero de la obra.
Temiendo lo peor nos paramos para intentar ayudar pero nos dijeron que ya estaba todo bajo control. La ambulancia ya estaba en camino y todos los ocupantes del camión estaban fuera de peligro, solo con algunas contusiones de menor o mayor gravedad.

Después del susto llegamos a San Cristóbal, un pequeño pueblo en el que los trabajos y vidas de sus habitantes giran en torno a una mina. La mina es propiedad de un japonés que también es dueño de un gran hotel de lujo al que solo puede entrar él o sus invitados y de ¡un aeropuerto privado!.

La última parada antes de llegar a Uyuni es el cementerio de trenes, donde en 1899 se contruyó la primera linea ferroviaria del país que llegaba hasta las minas de plata de Huanchaca (Antofagasta). Ahora más de 100 vagones abandonados hacen de este lugar un museo al aire libre muy curioso. 


Esa noche la pasamos en el hostal Sal Negra, propiedad de un tipo con un serio desorden mental pero que era muy divertido y que nos dio de cenar un potente Pique Macho antes de irnos pronto a dormir.
Nos teníamos que despertar a las 4 de la mañana para llegar a ver el amanecer en el espectacular Salar de Uyuni (que dejo para otra entrada debido a la gran cantidad de fotos en las que salimos, básicamente, haciendo el chorra).

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